Un año más hemos realizado la Ruta Maltrepsi.
Os preguntaréis en que consiste; pues en recorrer a pie el antiguo trazado de la Vía Augusta, heredera del antiguo Camino de Aníbal (unos 21 kilometros aproximadamente). La ruta en concreto se llama como se llama, a modo de recordatorio, por una paisana nuestra de hace dos mil años, que así se llamaba y que falleció a los 18 años de edad. De tal circunstancia queda constancia en una lápida funeraria de época romana que se exhibe en la actualidad en el Museo Arqueológico Municipal «Cayetano de Mergelina». La pieza fue hallada en el paraje conocido como Casas de Almansa, donde sabemos que en aquel tiempo hubo una «mansio», conocida como «Ad palem» (junto a Pale) y que venía a ser uno de los finales de etapa de este camino.
¿Qué era eso de una «mansio»?
Pues el término procede del latín «mansus», del verbo «manere» que significa «lugar donde pasar la noche»; sería algo paecido a lo que entendemos por una venta. En época romana venía a ser la parada oficial de la calzada romana, administrada bajo la gerencia del denominado «mansionario». La mansio contaba con los siguientes espacios: recepción, baños termales, habitaciones, comedor, cocina, horno, fragua, granero y establos; en fin, toda clase de comodidades que hacían más liviano el camino al viajero.
A lo largo del recorrido de esta ruta, que realizamos en dos étapas, vamos visitando un conjunto de yacimientos arqueológiccos que van jalonando el camino y que muestran la importancia que tuvo en otro tiempo como vía de comunicación para el desarrollo de estas tierras. Así, visitamos: Los Aljibes, la Casa de Las Cebollas, el lagar romano de la Fuente del Pinar, la Ceja-Hoya Hermosa, La venta de los Hitos, Casas de Almansa y finalmente el Cerro de Los Santos, donde concluye nuestro particular camino. En este paraje, donde en otro tiempo se erigía un majestuoso templo dedicado a la diosa Pale, llega el tiempo de Azorín. La lectura de algunos fragmentos de La Voluntad, que tanto tienen que ver con este paisaje que nos seduce, y con otros hombres y mujeres que lo poblaron en tiempos remotos, ponen un broche final perfecto a nuestra excursión.
En la presente ocasión actuó de «cicerone» el buen amigo y colega Juan Carlos Puche Carpena. Descubre más fotos de la visita en nuestra página de Facebook.
¡Sapere Aude!



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